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Preguntas frecuentes

Las políticas de mitigación y adaptación al cambio climático representan el factor de competitividad más importante para impulsar la economía y el empleo. Además, España es uno de los países con mayor potencial de recursos energéticos renovables de la Unión Europea. Hasta ahora, hemos aprovechado sólo la punta del iceberg de estos recursos. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), las acciones para limitar la temperatura del planeta a 2ºC facilitarán la creación de 24 millones de empleos en todo el mundo en 2030 y compensará la pérdida de 6 millones de empleos relacionados con el carbón y el petróleo. Es decir, se crearán 4 empleos en sectores relacionados con la descarbonización por cada empleo que se perderá por el abandono del uso de combustibles fósiles. Apostar por la electrificación es apostar por la creación de empleo de valor para la sociedad.
Como hemos comentado anteriormente, la principal es que el  vector eléctrico presenta la  capacidad de descarbonizarse y permite alcanzar los niveles más altos de eficiencia energética. Avanzar en la descarbonización global de la economía para alcanzar los objetivos de 2030 y 2050, requerirá integrar más renovables. La electrificación dispone de las herramientas más innovadoras, tanto tecnológicas como es el caso del almacenamiento, como de nuevos modelos de servicios, que permitirán adaptar la red eléctrica ofreciendo una energía más competitiva y sostenible.
De todos los vectores energéticos, el eléctrico ha demostrado mayor capacidad para descarbonizarse. Así, el 12 de diciembre de 2015, representantes de 195 países acordaron en París rebajar las emisiones que provocan el calentamiento global para que la temperatura del planeta no aumente 1,5 o 2 grados. El 22 de abril de 2016 los gobiernos de 155 países firmaron en Nueva York el acuerdo en defensa del clima Se puede debatir mucho sobre sobre los caminos a seguir para cumplir con este reto, pero lo que parece claro es que el mejor CO2 es el que no se emite. Atendiendo al desarrollo tecnológico actual y al uso intensivo de energía de la sociedad, la transición energética deberá contar con un mayor protagonismo de la electricidad, una energía que se puede generar sin emitir CO2 a la atmósfera, es barata, fiable, eficiente y limpia.
La Unión Europea está volcada en alcanzar en 2030 una reducción del 40% de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) y llegar en 2050 a la "neutralidad climática". Estos objetivos solo se pueden conseguir a través de un proceso de electrificación de la economía, es decir, de los sectores del transporte, edificación e industria. La Agencia Internacional de la Energía asegura que la electricidad será la estrella del proceso de transformación y que es técnicamente viable que el 65% de la energía final consumida sea eléctrica. En España, el porcentaje que supone la energía eléctrica está en el 24% y, según Deloitte, para cumplir con los objetivos medioambientales deberíamos avanzar hasta un 35% de electrificación en 2030. Para bajar a tierra estas cifras podemos afirmar que al menos deberíamos ser capaces de sustituir por electricidad la energía que almacenan los depósitos de nuestros vehículos, y ser más eficientes medioambientalmente en la forma en que consumimos energía en nuestros hogares y en nuestros trabajos.